La Guerra del Mañana: Ciencia ficción palomitera repleta de incoherencias

AVISO : Esta entrada del blog está llena de spoilers. A rebosar. Si la lees luego no te quejes.

Pues vamos allá.

La película tiene un punto de partida interesante: durante un partido de futbol se aparecen una chica paramilitar del futuro con sus amigos, y en lugar de traer la lejía milagrosa, lo que trae son las noticias de que en unos años va a haber una invasión extraterrestre y que necesitan que la gente vaya al futuro a toñarse con los aliens, que ellos ya son pocos y están perdiendo la guerra.

O sea, pintaba bien para ser una película que ver un viernes por la noche después de cenar.

En las primeras escenas ya nos quedan claras dos cosas: el padre del protagonista va a ser importante, y también lo va a ser un niño obsesionado con los volcanes. Lo sabemos porque siempre que al principio de una película palomitera de cierto presupuesto ponen énfasis en algo… es que va a tener importancia.

Avanza la película y el protagonista, ex-lider de un grupo de operaciones especiales, es reclutado para ir al futuro, pero no por su experiencia militar, sino porque va a morir dentro de unos pocos años, lo mismo que toda la gente que reclutan. Así pues, allá va al futuro nuestro corajudo protagonista, junto con un grupo de malotes y cientos de marujas y marujos que sabes que van a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio. A todo esto, te reclutan por una semana, al cabo de ese tiempo, el dispositivo temporal te devuelve automáticamente a tu época.

Después de una gran cagada, les asignan que vayan a por un grupo de científicos que han hecho algo mega importante, y que tienen el laboratorio en medio de una zona que va a ser bombardeada. Bla, bla, bla, pium, pium, piñaum, piñaum. Salen cagando leches sin los científicos pero con la cosa mega importante. Los aliens son putos bichos, ni tecnología, ni nada.

Pasan cosas, y resulta que la cosa mega importante es una toxina que puede matar a casi todos los aliens menos a las hembras y quieren, obviamente, cargarse también a las hembras para que no tengan más aliens. En ese tramo nos cuentan que la lider de la resistencia, una John Connor por decirlo claramente, es en realidad la hija del prota, que le cuenta a este como murió y similares. En esas escenas la hija también dice algo que nos aclara que al final de la película va a haber una escena en una nave espacial.

Tremenda cagada de los guionistas. Desde ese momento pierdes cualquier tipo de intranquilidad por la seguridad del protagonista, porque si le pasase algo, no hubiese vuelto al pasado y ella no se lo podría estar contando. Es coherente por parte de ella que procure tener a su padre cerca para darle la toxina y que regrese con ella al pasado, porque como sabe que no va a palmar en el futuro es el mensajero más seguro; pero leches, eso es algo que se cuenta en un momento posterior (había un par de momentos después idóneos para ello) y así no quitabas tensión a la película.

La cosa es que capturan a una hembra y se la llevan a una megafortaleza en medio del mar, y allí en un labotorio que tienen, van a investigar la toxina. Atento: un laboratorio, en una megafortaleza, en medio del mar, pero claro, los científicos de élite estaban trabajando en medio de una ciudad que podía ser invadida en cualquier momento.

Tienen a la hembra allí en la megafortaleza para nada, porque le quitaron un poco de sangre o lo que fuera y la tienen sedada mientras hacen pruebas a las que no aporta nada que la tengan allí. O si hacían algo con ella no lo explican. Sea como sea, otra cagada de guión, porque para lo único que vale tener a la hembra allí (tal y como lo han expuesto) es para que a la mañana siguiente la megafortaleza sea atacada y reventada por los aliens que van a rescatarla.

Pero John “Muri” Connor es la leche y en menos de 21 horas ha sintetizado la toxina definitiva que se carga a cualquier alien, se la entraga a su padre y este salta al pasado justo antes de que se destruya el puente temporal.

Entonces, otra gran cagada de los guionistas, en la línea temporal actual, el mundo se desespera, los gobernantes también y cunde el pánico porque ven como inevitable que los aliens destruyan el mundo.

¿Qué?

A ver. En el futuro quedaban 500.000 seres humanos y el plan era que descubriesen la toxina, producirla en masa en el pasado, enviarla al futuro y así cargarse a todos los aliens. Eso era lo que salvaría a la humanidad en el futuro. Pero todo el puto planeta entiende que, al destruirse el puente, ellos no pueden matar a los aliens. Pese a saber donde van a aparecer en un par de décadas y que no van a extenderse por sorpresa, pese a tener décadas para preparar los ejércitos para ellos y… pese a tener la puta toxina que puede matar a todos los aliens. Con la toxina en un futuro desarrapado sí, pero con la toxina, teniendo todos los datos tácticos y estratégicos, con un mundo petado de ejércitos (otra cosa no habrá en la Tierra, pero ejércitos y armas) y sabiendo donde van a aparecer… no. Que ostia así con la mano abierta señores guionistas, que ostia.

El protagonista consulta con su amiguete y con el niño de los volcanes de su colegio y descubren donde están exactamente los aliens. Un malote, un tipo que tenía que ser un héroe mundial pero al que todo el mundo ningunea, un wannabe de la tecnología y un niño de colegio descubren donde están congelados los aliens que van a destruir el mundo, pero el resto de las naciones del mundo se comen los mocos. Muy bien, sí, muy bien.

Luego el protagonista va a junto el secretario de defensa a decirle: “sabemos donde están los aliens congelados, podemos ir a matarlos, que tenemos explosivos y podemos fabricar toxina”. ¿Y que le dicen? pues el equivalente a “no me marees que tengo cosas que hacer”. Claro que sí guionista del todo a cien, claro que sí. Justo eso pasaría.

Bueno, pues allá se van el malote, el prota, el wannabe, el padre del prota (que tiene un avión y es piloto) y los soldados del futuro que se han quedado atrapados en el pasado. Cruzan el espacio aéreo ruso de estrangis sin problemas, revisan en motos de nieve una extensa región y encuentran la nave. Allí descubren que los aliens no son los que construyeron la nave, sino que eran mercancía (oh, que chorprecha. Pues claro, es evidente desde el principio que esos bichos no son capaces ni de construir un molinillo de viento, de modo que a quien le sorprenda este “giro argumental” le recomiendo que tenga cuidado con el timo de la estampita).

Como es lógico se cargan a los bichos y, después, todo el mundo se acuerda de lo que ha pasado.

Y aquí es donde todo el tema temporal hace pum. Si los matan ahora no se liberarán en el futuro y no se construirá el puente temporal. Al no construirse, no vendrá nadie del futuro a decir que hay unos aliens, y por tanto no los buscarán en el presente.

La solución más o menos elegante, creo yo, habría sido poner unas escenas finales en las que nada hubiese pasado. Al destruir a los aliens se crea una línea temporal en la que nada ha pasado y listo. Hacer que se acuerden todos de lo que ha pasado quiere decir que algo se les ha escapado, a los protagonistas o a los guionistas.